Bebidas espirituosas · 4 min de lectura
El aperitivo como ritual, no como prisa
Un buen aperitivo nunca se sirve con prisa. Se sirve con hielo grande y tiempo por delante.
El vermut de tradición ibérica no nació como cóctel de diseño: nació como una manera de estirar la sobremesa un poco más, con un vino de base envejecido y una maceración de botánicos que cada casa guarda como un secreto propio.
Servirlo bien es, sobre todo, no tener prisa: hielo grande para que se diluya despacio, una rodaja fina de cítrico y nada de decoración innecesaria. El ritual está en el tiempo que se le dedica, no en la presentación.
Un buen aperitivo no adelanta la comida. La retrasa un poco, a propósito, y ese es exactamente su valor.